jueves, 16 de octubre de 2014

Novedades de libros (Infantil y juvenil) en la Biblioteca Miraltormes.

Acércate a la biblioteca de nuestro barrio y hojea los libros que te interesen.
¿No hay ninguno que te llame?
 

viernes, 10 de octubre de 2014

Prologuillo a "Platero y yo"


   “Suele creerse que yo escribí “Platero y yo” para los niños, que es un libro para niños.
No. En, “La Lectura”, que sabía que yo estaba con ese libro, me pidió que adelantase un conjunto de sus páginas más idílicas para su “Biblioteca Juventud”. Entonces, alterando la idea momentánea, escribí este prólogo:
  “Advertencia a los hombres que lean este libro para niños: 
Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para... ¡qué sé yo para quién!... para quien escribimos los poetas líricos... Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! 
 “Dondequiera que haya niños —dice Novalis— existe una edad de oro.” Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca.
 ¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!” 


El poeta Juan Ramón JIMÉNEZ
Madrid, 1914 

martes, 7 de octubre de 2014

Las Ferias, dibujo de Ángel.

 "Es el recinto ferial de la Aldehuela.
Se ilumina con sus luces y atracciones.
Es algodón de azúcar que me recuerda a una rosa.
Es el recinto que agrada y te quita los malos momentos.
Son los feriantes que trabajan para que la gente disfrute en los carruseles.
Es esa noria que iluminada al atardecer parece una luna llena."

F. Savater y "Platero y yo"


 
    17 marzo 2014.- EL PAÍS
    "Mi madre fue la encargada de comprarme todos los primeros libros de mi vida, los decisivos: Chesterton, Salgari, Kipling, Julio Verne, Stevenson, Melville… los que han venido luego han sido apéndices o notas a pie de página. Mi padre propiciaba y estimulaba la adquisición de tantos tesoros pero como elección personal sólo recuerdo que me regalase un libro: Platero y yo. Un libro pequeño y fragante, de tapas azules, poco mayor que los de la colección Crisol de Aguilar que tanto me gustaban, con unas pocas ilustraciones de dibujos estilizados. No sé si era una edición completa del clásico de Juan Ramón Jiménez que hoy cumple cien años, desde luego carecía de los prólogos y notas que ahora suelen acompañarlo y quizá abrumarlo un poco. El título sí estaba completo, Platero y yo. Elegía andaluza.Yo sabía que mi padre era andaluz, pero no sabía lo que era una elegía…
   Leí el libro con mi impetuosa velocidad habitual de entonces (ahora sólo leo deprisa los libros que no me gustan) y me dejó desconcertado. En el prólogo para una nueva edición que no llegó a publicarse, Juan Ramón afirma: “Yo (como el grande Cervantes a los hombres) creía y creo que a los niños no hay que darles disparates (libros de caballerías) para interesarles y emocionarles, sino historias y trasuntos de seres y cosas reales tratados con sentimiento sencillo, profundo y claro. Y esquisito”. A mí en cambio me apasionaban entonces y también ahora los “libros de caballerías” —de los que me encanta hasta el nombre— y todos esos disparates que incluyen aventuras insólitas, intrigas, tormentas, piratas, monstruos y aullidos en la oscuridad. Y sin embargo me fascinaron las viñetas en que se cuenta la amistad del borriquillo y el poeta en el decorado cálido del pueblo andaluz, con sus chispazos de gozos elementales y de tibia desolación. A medio camino me salté páginas para llegar al momento temido de la muerte de Platero, ese disgusto inevitable que fue quizá mi primer luto familiar.
Así tropecé por fin con el estilo literario, es decir no con la manera de contar eficazmente algo en sí mismo interesante sino con la forma pura y dura (dos adjetivos que al poeta de Moguer le gustan mucho, por cierto) que despierta interés, cuente lo que cuente. Esa esquisitez, según su peculiar ortografía, en Platero y yo no implica amaneramiento alguno, porque Juan Ramón era poeta cabal también en prosa, aunque en otros he aprendido a temerla luego. “Desde niño, Platero, tuve un horror instintivo al apólogo, como a la Iglesia, a la guardia civil, a los toreros y al acordeón”: comparto sus dos primeros horrores y añado otro, sobrevenido, por los literatos que hacen pagar al lector su esfuerzo en pos de la obra maestra. Pero hoy, volviendo a ese Platero al que no visitaba desde la niñez, me asombra cuantas imágenes me dejó grabadas, como la del poeta enlutado de barba nazarena cabalgando la blandura gris del burro mientras los chiquillos le siguen gritando “¡el loco, el loco!”.

Fernando SAVATER

miércoles, 1 de octubre de 2014

Actividad en las clases

              Ilustración de Ricardo Siri Liniers

     Ilustración de Franco Matticchio
¡Bienvenidos a la Pajarita de Papel!
"Escribo de colores porque se me ha caído el cuaderno en un arco iris",
como diría Carlos Gª R.

CURSO ESCOLAR 2014/15