"Es cierto que si miramos en nuestro entorno, esa posibilidad de
paz se nos aparece como una lejanísima e inalcanzable utopía. (...)
Aunque cueste muchos años, tal vez siglos, hay que seguir alumbrando,
iluminando ese ideal. La búsqueda de la paz no puede jamás extinguirse.
Serán, por supuesto, la justicia y la educación sus más agudos acicates.
Una justicia que (...) tendrá que iniciarse en la liberación de la
miseria, del hambre, que deteriora toda posibilidad de vivir y crear.
Una educación que no se deje inocular por todos los fantasmas de la
necedad y el fanatismo, y que se levante sobre la libertad y la
racionalidad.Si los distintos poderes siguen refiriéndose a derechos humanos, a valores morales, a bienes comunes, es que, al menos en su vocabulario, no se ha borrado el único bien que nos universaliza y nos justifica: la paz"
Emilio LLEDÓ en "Elogio de la infelicidad" (Cuatro, ediciones, 2005)
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